Normalmente el recuerdo de mi madre solía ser suficiente para detenerme, sin embargo esa vez fue diferente, pensé en ella y no sentí culpa por hacerlo, no sentí el habitual temor que acompaña a ese pensamiento. Fui tomando cada pastilla, una por una, por si en algún momento me arrepentía, pero no pasó, nunca llegó ese sentimiento de arrepentimiento por terminar con todo, por un momento creí sentirme libre, por un momento creí sentirme feliz, por un momento creí que dejaría de sentirme mal para siempre.
Ahora solo tengo miedo, ahora sé que soy capaz de hacerlo, y me he quedado sin el último recurso para evitarlo.
